Vengo encantado de mi pequeño circuito por Turquía.
Después de aterrizar en Ankara, comenzamos por el museo de las Civilizaciones donde tomamos el primer contacto con la civilización Hitita y mesopotámica. Ver las primeras arcillas escritas en lenguaje cuneiforme, me producen cuando menos cierto asombro. Cuando me explican los motivos de que muchas de ellas se cocieron en los incendios de los antiguos palacios y residencias, empiezo a comprender porqué han llegado hasta nuestros días. Luego se sucederán las visitas a la Capadocia y la observación de las chimeneas de las hadas. Hemos tenido la suerte de ver este maravilloso paisaje desde un globo y eso sí que nos ha impactado: la hora que dura el viaje es puro deleite, algún compañero de viaje decía que oía música en su interior.
El valle del Goreme con sus decenas de eremitorios, muchos de ellos decorados con pinturas al fresco, son para dejar boquiabierto a cualquier amante del arte.
El pamukale y sus castillos de algodón compartiendo terreno con la ciudad de Hierápolis, donde disfrutaban de las aguas termales los antiguos romanos es otro lugar encantador.
Afrodísias, Konya, la acrópolis de Pérgamo, la bella Éfeso, la basílica de san Juan, Kanacalé...
hasta llegar a la mítica Troya, donde no hay nada, pero sólo el estar allí merece la pena el viaje, el resto es imaginación...recordando a los héroes de la Iliada.
Y por fin Istambul, Constatinopla o como la queramos llamar. Impresionante como todas sus mezquitas, basílicas y palacios, bello como un paseo por el Bósforo al atardecer. Una ciudad para oler y para sentir. Y para comer...qué rica la comida turca y sus dulces... ay, me relamo.
Lo dicho, unos de los viajes más bonitos que este mortal ha hecho; siempre recordaré Turquía como un viaje a los orígenes de la civilización mediterranea.
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